Se plantean reflexiones en torno al espacio en la creación plástica dirigida hacia propósitos como el de que la escultura no ocupa el espacio sino que le da lugar y hace comparecer lugares, es decir, atrapa el espacio traduciendo volúmenes, objetos y superficies donde el ejercicio de la reflexión permite trascender el nivel fáctico, mecánico de un procedimiento y las virtudes de la sustancia de una escultura que son parte de la forma como parte fundamental de la misma. Así mismo la interdisciplinariedad ha sido uno de los fenómenos más vigorosos, alcanzando una importante relevancia en el transcurso del siglo XX y acentuada en el XXI. A medida que éste avanzaba los límites entre los distintos campos se han ido difuminando, siendo los márgenes en los que las disciplinas se tocan un fructífero espacio para la producción artística.
El nuevo contexto ha forzado a la teoría, historia y crítica del arte ha reformular o crear nuevos conceptos o estructuras de análisis. En esta línea se sitúan algunos de los trabajos de Javier Maderuelo nos aproxima a la comprensión de cómo estas mutaciones han provocado como “En otros casos la obra renuncia a apoyarse sobre el suelo y se cuelga de la pared, usurpando la posición tradicional del cuadro pictórico, desde Tatlin hasta Reinhard Mucha tenemos un nutrido grupo de ejemplos de esta actitud” (Maderuelo 1992: 18), son, entre otras las consideraciones que manifiesta el autor en el ensayo La Pérdida del Pedestal (1992).
